Roma, SPQR (Senatus Populusque Romanus)

28 01 2008

SPQR “El senado y el pueblo romano” es el lema de la ciudad desde los tiempos de la república. Lamentablemente la Roma actual no tiene tantas referencias a aquellos tiempos como debería; el pueblo como origen de la autoridad, ese dignitas, maiestas, auctoritas, libertas populi Romani se ha ido difuminando y los monumentos religiosos quieren eclipsar aquella grandeza del imperio, uno de los pilares de Europa. Pero está ahí, aunque cubierta de cruces, y la hemos encontrado!

(Nota humorística: SPQR „Sono Pazzi Questi Romani“ (están locos estos romanos) es lo que dice Astérix) (gracias Martin)

Turistas: estaban casi todos. Roma es destino de bandadas de españoles que nos hemos encontrado desde el primer al último minuto, “haciendo patria” desde el botellón en el hotel hasta el fervor religioso andaluz de San Pedro.

Transporte: el metro es de risa, dos líneas que parece que a los romanos no les gusta usar ni les importa cuidar; los autobuses te acaban llevando a todas partes en un periquete, eso sí, “disfrutando” de los adoquines que cubren la mayor parte de las calles. Lo que nos ha llamado la atención es que no es tan “peligrosa” como nos la esperábamos, el andar de noche por calles oscuras no da miedo y no hemos visto ninguna escena con “malos”. Eso sí, muchos policías (aparentemente tocándose la banana) por todas partes, en plazas, esquinas y puertas de edificios.

Entre las gloriosas piedras que hemos contemplado, nos quedamos con unos cuantos recuerdos:
- El heliómetro de la línea meridiana de 45 metros de largo en el piso de la impresionante nave central de Santa Maria degli Angeli, cada día del año el sol deja caer a una hora determinada su rayo en la línea, marcando el “reloj” que sirvió durante mucho tiempo de referencia a los relojes públicos romanos. Astronomía e iglesia unidos dentro de las termas de Diocleciano, una construcción única y un ejemplo más de la iglesia metiéndose en “el imperio”.
- El panteón del Siglo II, 43m de cúpula, modelo de los panteones mundiales y que, como decía una guía, “es de esos edificios que llevan a la gente a querer ser arquitecto”. Hoy convertido en “iglesia de san nosequé” cuando, como su nombre indica, ES un monumento dedicado “a todos los dioses”. En su origen estaba consagrado a las siete divinidades celestes de la mitología romana: el Sol, la Luna, y los cinco planetas (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno). Cada uno de ellos tenía asignado uno de los siete ábsides del interior. De él dijo Miguel Ángel, “diseño angélico y no humano”.
- La Via Appia Antica, una de las más importantes calzadas de la antigua Roma, una carretera más recta que muchas de las actuales, desde la que hemos visto muchos restos del imperio. Las piedras siguen vivas y aguzando el oído se podía oír algún ruido como de cuádriga por el circo… o eran las bicicletas? (el domingo lo cortan -sabiamente- al tráfico).
- La cripta de los capuchinos en Santa Maria della Concezione dei Cappuccini con “decoración” a base de huesos de 4000 frailes muertos a lo largo de los siglos XVI-XIX (uffff… qué yuyu, cuánto hueso utilizado como obra de arte!).
- El mega-monumento a la unificación italiana o a Vitorio Emmanuele… lo llaman “la máquina de escribir” o “el pastel de bodas”, y lo hicieron a propósito más grande que San Pedro: a ver quién puede más!
- La atracción magnética que tiene la fontana de Trevi, hay algún sitio donde se hagan más fotos?
- Alguna piedra del pasado nazi también queda (los italianos, maestros del camuflaje, lo negarán hasta la tumba…) como el EUR (expo universal romana) y el palazzo Venezia donde vivía el Sr Mussolini (frente a “la máquina de escribir”) y donde ahora hacen exposiciones.

La vida en las calles no es tan fácil de descubrir como en otros sitios, ya que siempre tienes al menos 20 japoneses a la vista y no te sientes “dentro” sino “visitando”; pero para recordar, un par de imágenes curiosas:
- Los cafés “en dos minutos” con los que desayunan de pie los oficinistas romanos. Una maravilla ver poner cafés y limpiar tazas a los camareros a la vez que repasan la actualidad con los habituales agolpados en la mini-barra.
- Los inmigrantes que abundan por la ciudad, no los hemos acabado de identificar bien, son asiáticos de piel semioscura, nos parecen de Indonesia o Sri Lanka (Ceilán). Curioso, ya que estamos acostumbrados a los del este de europa, norte de áfrica y sudamérica. Nosotros estábamos en un “barrio oriental”, teníamos el hotel encima de la “iglesia católica china romana”, toma ya! Y frente a tiendas de ropa oriental que toooodas eran iguales.
- Los minibuses eléctricos que se meten por calles imposibles para un bus normal.

Vamos a lo importante en estas crónicas, la comida. Llevábamos unas cuantas recomendaciones de amigos, todas un éxito. Por orden de gloria y para no perdérselo:
- Trattoria Da Augusto (gracias Oda), Piazza de’ Renzi, 15, Trastevere. Comida de casa, menú “lo que hay”, cola en la calle, mantel de papel y el aire a los comedores económicos de Madrid. Cordero: mítico. Yo quiero volver al Augustooooo…
- La Carbonara, zona Celio (gracias Maite). Las paredes llenas de firmas de gente (cosa buena) y botellas de vino (mejor). Fundado en 1906. Por algo sigue funcionando.
- Vineria Il Chianti, Via del Lavatore 82, al lado de la Fontana de Trevi (gracias Maite). Paredes cubiertas de botellas, todo muy rico.
- Spaghetteria A casa di Alice (el favorito de Tato… ya sabemos por qué). 87 tipos de spaghetti… brutal.
- Los helados del Palazzo del Fredo, la más antigua heladería de Italia, justo debajo de nuestro hotel (hotel barato y recomendable), vaya suerte!
En general, cuidado con los (muchos) que cierran los domingos, como La Crostaceria - Via dei Capocci, que parecía bueno (gracias Eleonora).

El Trastevere ha sido el barrio que más nos ha gustado, calles pequeñas con mucha vidilla. También la zona de la Via dei Serpenti/Via Panisperna por la noche, ambiente callejero a la española, botella de cerveza encima de los coches :-) La vista del cuppulone vaticano desde el puente Sant’Angelo. Las terrazas de Campo de Fiori. Y la asimetría de los edificios romanos al mirar a los tejados, cada uno a una altura, eso sí, todos con sus terrazas llenas de plantas!

Pudimos ver la Corsa di Miguel, carrera popular anual de homenaje a Miguel Benancio Sánchez, atleta y poeta argentino “desaparecido” durante la dictadura militar en 1978. Bonita iniciativa buscando la paz a través del deporte.

Esto ha sido nuestra primera y segunda visita a Roma, no hemos podido caminar tanto como esta ciudad se merece, y habrá que volver a ver cuadros, estatuas y piedras, que aquí nunca se acaban. Ci vediamo, Roma.

PS: para los madrileños, exposición en www.romaspqr.es (gracias Armario)
Fotos aquí:
vacaciones en roma