Atenas (Αθήνα) y la noche del Bouzuki
22 01 2007Ha sido nuestro primer contacto con Grecia. Unos días en Atenas, en los cuales hemos tenido la suerte de conocer a unos cuantos atenienses, gracias sobre todo a Konstantina e Ira, de cuya hospitalidad hemos disfrutado, y a Maria, con la que hemos compartido no tanto tiempo pero que también ha sido intenso.
La primera impresión, como en muchos viajes, es el aeropuerto y el transporte. En este sentido, muy bien. Un aeropuerto nuevo, un metro nuevo, todo muy despejado y muy fluido. Bien. No era la imagen caótica que tenemos de Atenas en la cabeza. Suponemos que ahora, después de unos juegos olímpicos, estas cosas han tenido un “lavado de cara” importante, pero desde luego ha sido uno de los aeropuertos y metros más cómodos y tranquilos que hemos vivido.
Llegada a la ciudad, Konstantina que nos recoge en el metro, y al salir a la calle sí que hay cierto tráfico y cierto ruido, pero no de dar miedo. Vida mediterránea, mucha gente moviéndose, muchos vendedores ambulantes, los coches pitan…
Primera visita: el complejo olímpico 2004 ‘Spiros Louis’, obra del español Santiago Calatrava, al atardecer. Impresionante por las dimensiones, un espacio abierto muy grande que engloba estadio, velódromo, piscina, pistas de tenis y alguna cosa más. Lo vemos completamente vacío, y deja una impresión triste, como de que le falta un corazón, un pulso, una vidilla. Se hizo con un objetivo, las olimpiadas 2004, y se sigue usando para fútbol, conciertos y grandes eventos, pero tiene la falta de sangre de una zona periférica de una gran ciudad. Esperemos que con los años ese corazón olímpico lata cada vez más fuerte.
Paseo por el centro, tras un Souvlaki (gracias, Tomás, por la recomendación) en la plaza Monastirákis: realmente grannnnde el kebab, masa de harina frita (estilo Langos húngaro), enrollando carne, tomate y cebolla. Uhhmmm… pasa automáticamente a nuestra lista “sabores ñam-ñam del mundo”.
Cena con Konstantina y Maria (K y M) en un restaurante nuevo pero que trata de recuperar sabores y costumbres tradicionales como el cajón con los cubiertos en las mesas o el mantel de papel de estraza. Bien como experiencia. Hablamos con K y M sobre todo de la gente que hemos ido conociendo de/en otros países y cómo son las relaciones de hospitalidad en el mundo. Nos quedamos con un punto en el cual los griegos nos han parecido estar más cerca del mundo oriental, o al menos del oriente mediterráneo: el entender la hospitalidad como abrir tu casa y dejar incluso tu cama, y “no tan cerca” del concepto centro-noreuropeo de “entra en mi casa pero haz tu vida, ponte donde puedas y no me molestes”. Nosotros, como españoles viviendo en Munich, nos vemos un poco en un punto medio, no tan orientales…
Por la noche, fiesta en un piso, gente entre 25-30 años, unos cuantos visitantes extranjeros, y muy buen rollo. Conocemos gente interesante y ponemos otro ladrillo (mejor dicho, unos cuantos) en esa casita que queremos construir y que se llama “cómo son los griegos”. Seguimos viendo muchas cosas comunes con España (hablamos de sueldos bajos y explotación para la gente joven en sus primeros trabajos, precios desorbitados de vivienda…) pero siempre aparece un puntillo “turcoide” que nos hace pensar en ese oriente mediterráneo una vez más. ¡La palabra prohibida! ¡Turquía! En esta noche triste, muy triste, por el asesinato en Estambul del periodista Hrant Dink, portavoz de la minoría armenia en Turquía, vemos (sobre todo gracias a Maria, traductora de turco, con novio turco y de alguna manera “turcófila”) que son países muy cercanos pero con un pasado muy tormentoso. En la gente también vemos mucho de turco, claramente son hermanos. Esperamos que se arregle, por lo menos no vemos radicalismos en la gente joven. Buena señal.
Y un par de datos griegos que nos han sorprendido. Uno, los habitantes del país, poco más de 11 millones, de los cuales más de la mitad vive en Atenas. Pocos nos han parecido, y muchos para la capital. Y luego, el lema oficial o “frase nacional” de Grecia: Ελευθερία ή Θάνατος (Eleftheria i thanatos), traducido “libertad o muerte”. Fuerte, no?
El sábado, buen desayuno en casa con Ira y K, conversaciones sobre deporte y vida social en los respectivos países (se ve que el deporte interesa especialmente en Grecia… el tema “equipos nacionales” es especialmente seguido y sufrido… la derrota en la final del pasado mundial de baloncesto, donde España arrasó a Grecia, ha dejado cierta cicatriz, por ejemplo). La mayor parte del sábado la pasamos disfrutando de uno de los grandes espectáculos del mundo, la Acrópolis y el templo de Atenea construido en el 500 a.c: el Partenón (Παρθενών en antiguo griego). No vamos a decir mucho aquí: es historia pura, y subir a la Acrópolis y sentarse a mirar el Partenón es una delicia de la que nadie tendría que prescindir. Te ayuda a formularte otra vez la eterna pregunta: “de dónde venimos?”.
Recorrimos también el Ágora, y sin tiempo para mucho más y prescindiendo (ya volveremos) del museo arqueológico que cierra demasiado pronto el sábado, comida y café sentados viendo pasar gente y con la Acrópolis de fondo. Una comida y un café que también valen un viaje.
Llega el sábado noche: desmelene “a la griega”. M y K nos habían ofrecido unirnos a ellas en la fiesta de esa noche, avisando de que era una cosa “muy griega” y “no apta para todos los públicos”. Con esas premisas no podemos decir que no, y nos apuntamos a la movida. ¿En qué consiste la movida? Un espectáculo musical con un cantante estrella, Nikos Makrópulos (Νίκος Μακρόπουλος para decirlo alto y claro). Va a ser difícil explicar esto por escrito, pero ahí hemos estado y lo hemos vivido. Un gran teatro con el público sentado en mesas, más de 2000 personas según nuestros cálculos, pero es muy posible que nos quedemos cortos. Pedazo de escenario, derroche de luz y sonido, unos cuantos cantantes “secundarios”, que cada vez lo son menos (sale uno, cuyo nombre no podemos recordar, griego, mezcla de cretense y libanés que parece que será el próximo representante griego en Eurovision) y más famosos. El ambiente se calienta, el recinto se llena, nosotros en nuestra mesa, alucinando con la cantidad de canciones que se sabe la gente (por simplificar, nos ha parecido que “todos se las sabían todas”) y moviendo las manos en el aire. Tiki-taki, copa por aquí, copa por allí, sale Νίκος Μακρόπουλος, la gente alucina, y el colega Νίκος Μακρόπουλος que empieza a cantar su gran éxito “Krisi”, que ya habíamos escuchado como calentamiento en el viaje en coche. Gente bailando encima de las mesas (los más alegres o los más calientes), gente que sube a bailar al escenario, y una cantidad ingente de claveles que venden las camareras a un precio exagerado, por bandejas, y que la gente compra para lanzarle a los artistas o lanzarse entre ellos. Un chou, que diría una amiga… En fin, toda una experiencia a ritmo de Bouzuki, el instrumento tradicional griego.
Tarde a la cama, y a la mañana siguiente, muchas risas en el desayuno con la canción “Krisi” en la cabeza. Una vez más, golpe de hospitalidad por parte de Ira y Konstantina, que finalmente, nos llevan al aeropuerto en coche, y vuelta a casa con un buen recuerdo de una de las ciudades que son madre de nuestra cultura y llave del Mediterráneo. Ha sido poco y volveremos a Grecia, que hay mucho que disfrutar. Eυχαριστώ πολύ, amigos griegos.
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