Oktober-cern
25 09 2006María, Jero y Edu (M, J y E) han venido desde Ginebra este fin de semana. El jueves por la noche llegaron, y el viernes después de comer tuvieron su primer contacto con la Oktoberfest. Sentarse a beber cervezas a las 2 de la tarde es algo que no se hace todos los días. Tampoco se ve gente vestida con trajes regionales ni se escucha a una banda, uno de cuyos músicos es Mariano Rajoy (tocando el grandioso instrumento llamado “cilindro lleno de arena”).
Una cerveza, otra cerveza, buen rollo con los compañeros alemanes que se sentaban junto a nosotros, y un cierto asombro por la frescura de las compañeras alemanas que se sentaban junto a nosotros, concretamente estupefacción viendo a alguna sentarse “sobre el pepino” de alguno (al que no conocían de antes).
Otra cerveza, otra cerveza, algún pollo asado, lecciones de alemán rápidas incluyendo conceptos importantes como “ya está dentro?” (para el chaval sobre el cual se había sentado la señorita ligera de cascos…).
El fichaje más importante de la tarde fue Jürgen, teutón supersimpático que afirmaba pertenecer a la mundialmente famosa Polizei alemana. J se hizo íntimo de él, estuvieron hablando bastante, y así como quien no quiere la cosa llegó uno de los momentos estrella de la noche. Jürgen, preocupado por la familia a partir de una edad, por la gente que no tiene novia, por la gente que no tiene hijos, por la gente que no se casa… se lió la manta a la cabeza y decidió, como agente de la autoridad, CASAR a J y a M. Se subieron en el banco, y Jürgen les hizo una retahíla de preguntas sobre amor eterno, fidelidad e hijos, a las cuales M y J respondieron entusiasmados afirmativamente. Nos pidió a Bea y al menda nuestros anillos, que le cedimos amablemente. Hubo un “momento de tensión en gomaespuma” cuando uno de los anillos cayó a ese suelo de la oktoberfest, suelo de madera lleno de grietas y mierda variada. No recuerdo si fue una anilla de cocacola o el anillo de verdad, pero Jürgen encontró algo y prosiguió con la ceremonia. Al final los declaró marido y mujer. Según la ley alemana, esto tiene validez. Ya tenemos algo que celebrar.
Cerveza, cerveza, más señoritas ligeras de cascos, canciones populares de la oktoberfest interpretadas con letra española (como la de “ein prosit” con letra “Ambrosio, Ambrosio, eres un cabrooonnn”), jarras chocando, gente sudando, más Ambrosio…
y nos fuimos para casa cada uno con nuestro pelotazo.
Almendras garrapiñadas, tranvía y grandioso concierto a 3 guitarras que disfrutaron con gran alborozo María y Bea (ambas afirman que fue una de las experiencias musicales más inguantables de su vida). J dormido encima de la guitarra, E tocando “qué difícil es hacer el amor en un simca 1000″ y el menda subiendo el volumen del amplificador fue el nebuloso final de la noche.
Por la mañana, el grandioso video de Jero “soy un hombre hundido”. Los demás que nos levantamos bastante frescos nos fuimos a dar una vuelta, mientras las vomitonas de Jero le tuvieron un par de horas más entre la cama y la toilette. Al final, recuperación milagrosa y la vida sigue. Fue el Oktober-cern. Gracias por la visita a München, queridos cern-ícolas.
Categories : fotos





