New York
20 05 2008El taxi amarillo es una imagen tan vista en las películas que cuando lo ves por primera vez es como si fuera “el taxi de toda la vida”.
Además de los taxis continuamente te asaltan recuerdos de películas, sean las banderas colgando de los edificios, el vapor que sale de las alcantarillas o los kioskos de hotdogs, cafés y muffins callejeros.
La llegada a NY ha sido al atardecer, y nuestra primera huella al bajar del autobús del aeropuerto ha caído en Bryant Park, un parque (descubriríamos otro día) donde te puedes sentar con tus sillas y mesas de metal, al pie de la biblioteca pública.
Subimos por la Sexta Avenida, y encontramos el hotel, recomendable, pegadito al Central Park, entre la 6a y la 7a Avenidas (mapa).
Cada mañana ha tenido el aliciente de encontrar un buen desayuno, ya sean los bagels con queso fundido calentados al horno, los muffins gigantes o los american breakfast con la taza de café rellenada de contínuo por los camareros en esas mesas con respaldo de cuero. Los cocineros y camareros son todos hispanos, eso sí que no falla.
En cuanto a visitas culturales hemos visto unos cuantos clásicos, el más impresionante es el Metropolitan Museum (el “MET”) que lo tiene… ¡todo!, desde los romanos hasta los impresionistas, pasando por arte asiático. Merece la pena el viaje por pasar un rato en la terraza del tejado del museo (sólo abierta de abril a octubre) y ver las siluetas de Manhattan bordeando el Central Park.
Hablando del Central Park, el correr por las mañanas por este lugar mítico también ha sido una experiencia, aunque en muchos lugares no te queda más opción que el asfalto. El primer choque fue ver que toda la gente corría ¡en el mismo sentido! Alguno había contracorriente, pero el sentido general (indicado en paneles) se sigue a rajatabla. Resulta que los estadounidenses son ¡más cuadriculados incluso que los alemanes!
Queda pendiente el alquilar bicicletas para recorrerlo, que, aunque estuvimos a punto, no supimos aprovechar los días de buen tiempo… Bueno, ¡para la próxima vez!
Nos hemos encontrado con Kim y Dani, que se han hecho un vuelo multi-escala de costa a costa para estar con nosotros en NY, y también para que Dani vea un poco de “civilización” y salir del duro mundo del desierto de Richland en Washington State. Muchas gracias, chicos, por el esfuerzo y el amor demostrado.
Después de disfrutar de la compañia de K y D, y sin haber sido capaces de convencer entre los tres europeos a la americana de que el Estado de Bienestar es bueno (no dejamos de ser inocentes…) y que las armas en casa no traen nada positivo, salimos hacia el próximo destino: la capital de los EEUU, Washington DC.
El viaje en autobús nos ha dado una visión de lo que son las carreteras americanas, de los enormes atascos que hay alrededor de NY y de las áreas de servicio de las autopistas (todas con su McDonald’s y su Starbucks).
Alexo nos pone al día de muchas cosas y nos da un curso acelerado de “cómo funcionan los EEUU” en muchos aspectos, desde clases sociales, organizaciones nacionales e internacionales (los tejemanejes de la OMS, sobre todo) a grupos de poder (nos enseña la calle donde están los lobbies en Washington).
La capital nos defrauda en cuanto a dimensiones, las calles del centro de la ciudad no tienen nada que ver con NY, no hay rascacielos y todo parece más una ciudad mediana que una gran capital, esperábamos algo totalmente distinto de la “capital del imperio”. Lo que sí se nota es la fuerte presencia de entidades del gobierno y organizaciones internacionales, pero la ciudad es muy abierta. Paseamos por el Mall, ese conjunto de museos (los smithsonian, todos gratis), memoriales a presidentes y guerras, y monumentos que siempre sale en las películas, con el Capitolio a un lado y el Lincoln al otro, la casa blanca en medio. Disfrutamos mucho del memorial Roosevelt, el favorito de A, homenaje a un presidente que sacó el país a flote en una época muy difícil y pilotó el gran barco americano durante la II Guerra Mundial (muriendo poco después del final de la guerra). Nos queda claro que estamos en un país en el que el jefe supremo es el presidente, y hacen todo lo posible por recordarlo constantemente.
Conocemos a Aliyar y Rezah, amigos iraníes de A, y dormimos en la casa que comparte A con otros 3, en la zona de Columbia Heights, un barrio con mucha mezcla racial.
Hemos visto un partido de la NBA, Washington Wizards contra Cleveland Cavaliers, 4o partido del playoff donde los de Washington llevan las de perder (los Cleveland son los actuales subcampeones y tienen a una de las estrellas de la liga, Lebron James). Camisetas blancas para todos los asistentes, presentación por todo lo alto, y un espectáculo que es más para la televisión que para el público, con las pantallas centrales dirigiendo la orquesta. Cuando pone “abucheo” se abuchea, y cuando repiten la jugada se protesta. No juegan todos taaan bien, la calidad del juego no es diferente a la de Europa, pero Lebron James sí que está en otra galaxia, se ve que tiene una 6a marcha que los demás no tienen, pero esperábamos que fueran así los diez jugadores en la cancha, no sólo uno, aunque mereció la pena verle. El partido ha estado emocionante, muchos momentos de tensión, el público ha gritado mucho y bien, y al final no ha entrado el tiro de 3 que les podía haber dado el empate a los Wizards, que merecieron perder, por paquetes
Nos ha gustado mucho la zona de Georgetown en Washington, calles con casitas pequeñas, una zona “antigua” dentro de lo que cabe, famosa en España por su Universidad de Relaciones Internacionales, que tuvo al príncipe Felipe como estudiante y últimamente a Aznar como “profesor” ¿seguirá teniendo la misma fama tras este fichaje?.
Hemos conocido la cultura iraní de la mano de Aliyar y Alexo, y tenido la suerte de vivir un par de días menos turisticos y más “como si viviéramos allí”. Gracias chicos, y suerte, Alexo, con tu futuro.
La segunda parte de NY la hemos vivido en barrios más ásperos, la zona del Greenwich Village, donde estaba nuestro segundo hotel, en una calle de mucha marcha y mucho ruido a todas horas, no recomendable para orejas sensibles y para inviernos rudos, pues el aparato de aire acondicionado estaba metido con holgura en la pared, pero dormir en la zona merece la pena.
Mucho bar, mucha música, comida en la calle, hemos caminado por Chinatown, por Brooklyn, el sur de Manhattan (nos perdimos el ferry a la Staten Island, ya que se nos puso el tiempo lluvioso los últimos días)… y también hemos vuelto a la zona del Central Park, con paseíto por Harlem y visita al imprescindible y atestado “supermercado del arte”, el MOMA. ¡Y que viva el consumismo, en este caso, cultural! Entre el gentío y la sensación de que todos pasamos con la libreta para hacer cruces en las casillas de “visto”, es una pena perderse los picassos, mondrianes y chagalles, que se merecerían horas y horas de contemplación.
Otras aglomeraciones importantes de gente (bueno… de europeos) las hemos visto en el Apple Store de la 5a Avenida y en el Century21, centro comercial “barato” al lado del Ground Zero. Parece que lo regalan, y es que hemos llegado en el momento con el dólar más bajo con respecto al euro en muchos años. Algo hemos comprado. A propósito de compras, indispensable visitar la supertienda de fotografía http://www.bhphotovideo.com/, pilotada por judíos ortodoxos (con sus ricitos y todo). Un monumento al comercio y al saber comercial de esta gente (la tienda cierra, como no podía ser de otra forma, los sábados).
Y un par de espectáculos con los que hemos cerrado la visita, entre hamburguesas y perritos (por cierto, mítica la hamburguesa de este sitio):
- Concierto de The Verve (un grupo de pop británico que lleva 8 años sin tocar y se ha reunido hace pocos meses) en el Madison Square Garden, y
- película CHEVOLUTION (no os la perdáis, un documental sobre la foto más reproducida del siglo XX, la del Ché Guevara… obra maestra!) que hemos visto en el estreno mundial en el Tribeca Film Festival (el festival que puso en marcha Robert de Niro en 2001, muy pero que muy recomendable como festival de cine).
Esto ha sido casi todo de nuestros días en los USA, volvemos a casa con las maletas llenas y el recuerdo de un taxi amarillo con un conductor de cualquier país que te recibe y te despide con una enorme sonrisa, contándote que no tiene ni seguridad social ni jubilación, y que quiere volver a su país de origen, algún día, cuando despierte del sueño americano.
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